
La situación judicial de Rodríguez Zapatero dependerá de los hechos y no de la retórica gubernamental. El ex presidente Zapatero al entrar en la Audiencia Nacional para responder ante el juez de indicios de delitos relacionados con él.
Una joven periodista le preguntó al primer ministro británico Harold Macmillan qué era lo que más temía en política. La respuesta fue breve y sencilla: “Los hechos, señorita, los hechos”.
Macmillan dimitiría en 1963 porque su ministro de Defensa, John Profumo, había mantenido una relación con la modelo Christine Keeler, que, a su vez, era amante simultáneamente del agregado naval de la embajada soviética.
Eran tiempos de la guerra fría y la prensa de Londres se encarnizó con el gobierno, hasta el punto de provocar la caída del primer ministro por un tema de espionaje de alcoba que no afectaba directamente a Macmillan, todo un señor y el último de los eduardianos de la política británica.
Un hecho aparentemente menor provocó una gran tormenta. Macmillan decía a los ingleses que “nunca lo habíais pasado tan bien”.
Poco antes de la crisis del 2008, el presidente Rodríguez Zapatero decía en público que habíamos pasado a Italia en creación de riqueza y que se preparara Francia porque la alcanzaríamos pronto. El presidente presumía también de que España tenía el sistema financiero mejor saneado de Europa.
Era un bluf y la crisis de septiembre de aquel año debilitó tanto al gobierno Zapatero que no quería admitir que estábamos en crisis hasta que, para evitar el rescate como consecuencia de la deuda, se modificó en unas horas el artículo 135 de la Constitución y se introdujo el principio de estabilidad presupuestaria.
Los hechos y no las ideas o los discursos obligaron a Zapatero a cambiar de rumbo. En el fregado judicial en el que se encuentra el expresidente socialista, lo que va a contar son los hechos y el supuesto uso fraudulento que se haya realizado desde un cargo público.
La actitud defensiva del Gobierno Sánchez, insinuando que tenemos una justicia tendenciosamente de derechas o una prensa sectaria que tienen como objetivo derribar al Ejecutivo, no conducirá a ninguna parte si hay hechos que son constitutivos de delito, perpetrados por ministros o responsables públicos. Es inútil combatir con retóricas la realidad de los hechos que hablan por sí mismos.
Publicado en La Vanguardia el 18 de junio de 2026



