La belleza incierta de un día de abril

Días de cambio y de inseguridades. He pasado unos días en el campo, alejado de la urbe, automóviles lejanos y sembrados que empiezan a mecerse en su verdor intenso en este año de lluvias abundantes. La primavera no se atreve a exhibir su esplendor.

Luna llena de Pascua

Las viñas insinúan los primeros movimientos en los nudos de los que se dispararán los sarmientos en unos días. Los olivos están quietos. Los almendros ya han expuesto su belleza florida arriesgándose a marchitarse en heladas tardías e inesperadas.

Las águilas señorean por los cielos observando el movimiento de piezas menores. He visto cómo una de ellas se precipitaba como un obús para apresar un conejo despistado que no escapó a las garras del aguilucho que se remontaba a las alturas para devorar su botín en algún lugar secreto.

Qué promesas esconden estos días de lluvias, soles esporádicos, vientos del norte y del sur, granizadas, algún relámpago radical, noches frías y días soleados. He recordado la definición de estos días de que el inmenso Shakespeare puso en boca de Proteo en los Dos Hidalgos de Verona: «qué parecida es esta pasión naciente a la belleza insegura de un día de abril que ahora muestra toda la belleza del sol v al instante una nube lo cubre todo».

Ni siquiera la sabia meteorología se atreve a vaticinar a corto plazo. Todo cambia en cuestión de horas mientras la naturaleza se prepara para explotar en los próximos días. La poda ha cortado todo el ramaje inútil. Los arados son aperos de otros tiempos. Han sido sustituidos por herbicidas que dejan la tierra tranquila y limpian las hierbas malas. La cizaña no se distingue en los trigales verde oscuro. Pero es eliminada radicalmente por líquidos que sí conocen y destruyen su existencia.

Inseguridad y esplendor de estos primeros días de abril que suelen coincidir con la Pascua, la luna llena, las procesiones, los cultos de Semana Santa, la desbandada de los urbanitas que buscan tranquilidad y encuentran una atmósfera incierta y agitada.

La transición suele ser más prolongada en años de lluvias. Los ríos y las acequias hablan con los sinuosos saltos de las aguas que surgen de las profundidades de la tierra que almacena las nevadas invernales y las lluvias persistentes de la temporada.

Todo es cambio y renovación. Pero sólo se adivina lo que va a dibujarse en las próximas semanas. Se perfilan los verdes más atrevidos y variados. Los lirios se yerguen tiesos, a punto de exhibir sus azules y blancos sólo unos días. No la vemos todavía. Pero la primavera, alegre y fugaz, está asomando por todas partes.

Publicado en La Vanguardia.es el 4 de abril de 2010
5 comentarios

  5 comments for “La belleza incierta de un día de abril

  1. Alex
    05/04/2010 at 20:12

    La primavera me tiene estornudando y con la peor alergia en años.

  2. Pere
    05/04/2010 at 18:04

    Excelente artículo, soy uno de los que pilló la granizada en plena carretera con bastante miedo, me acordé de la primavera, acabamos en procesión, todos los coches lentos, pero seguros. Pero bueno, tarde o temprano nos llegará ese día primaveral que comentais y nos alegraremos.

  3. 05/04/2010 at 17:07

    Gracias, señor Foix, por regalarnos con este sereno y plácido artículo. Tiempo habrá para volver a las miserias que nos ocupan y preocupan la mayor parte del tiempo.

  4. 05/04/2010 at 11:44

    Sr.Foix: Bien conoce Vd que la primavera nos hace tantas promesas como los políticos, nos anuncia grandes días de ensueño y luego nos llueve a manta, nos graniza a modo o nos sopla una tramontana que nos deja temblando, una cosa es el primer día de la primavera y otra el primer día primaveral, en nuestra latitud y especialmente en el mar, las dos semanas antes o depués de los cambios de equinocio son tremendas. Por mi parte le diré que nunca me pierdo la procesión madrileña del Cristo de Medinaceli, que aunque se le atribuyen muchos milagros, no creo que pueda realizar el de la reconciliación de Aguirre y Gallardón…

  5. Albert
    05/04/2010 at 09:54

    Hola Sr. Foix. Un article excel-lent. Que defineix el transcurs de la vida de la naturalesa i la vida al camp. Molt diferent de la vida a les grans ciutats industrials. Aon sempre vivim rudejats de parets i de sorolls de vehicles de motor. Sempre vivim a dintre ó del coche, del ascenssor, del habitacle, de l’oficina, del despatx. Ö a dintre del metro ó caminant pels pasadissos de les estacions. A la ciutat vivim molt lluny de la naturalesa. Tots aquells que pot fer una vida comoda a el camp son uns privilegiats, avui día. Inclús es nota en el seu parlar pausat i tranquil. Molt diferent del parlar dels de la ciutat.

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