Nuevas formas de demagogia

 

Boris Johnson rascándose la cabeza ante un anuncio mentira que decía que "demos a juestro Serivicio Nacional de Salud, los 350 millones de libras que entregamos a Europa cada semana

Boris Johnson rascándose la cabeza ante un anuncio mentira que decía que «demos a nuestro Serivicio Nacional de Salud, los 350 millones de libras que entregamos a Europa cada semana» Dicen que fue un error.

La sesión del lunes tenía el aire del dramatismo de las grandes ocasiones. Muchos diputados de pie en la Cámara de los Comunes, donde no hay asiento para todos los diputados. David Cameron daba cuenta del Brexit con la amargura del perdedor por haber arriesgado sin necesidad la celebración de un referéndum. Un Parlamento mayoritariamente partidario de seguir en Europa recibía el mandato popular para abandonar la Unión Europea.

El sistema parlamentario por excelencia recibía un mandato que no había sido discutido en las sesiones de Westminster, sino que le venía impuesto desde la calle, los platós de televisión y programas de radio de gran audiencia, desde discursos de personajes que ni siquiera eran miembros del Parlamento.

Se barajaron mentiras, falsedades, miedos no justificados. El populismo de los partidarios del Brexit lo ha reconocido el propio Nigel Farage al afirmar que había sido un error el dar por cierta la cifra de 350 millones de libras semanales que se entregaban a Bruselas y no volvían a Gran Bretaña. Era una mentira, dijo, camuflándola en un error.

La demagogia y el populismo ya no se practican en las calles o en los estadios de fútbol. Se perpetran desde las repúblicas de tertulianos o de la voz de oradores brillantes que convencen a las masas que no tienen por qué saber si lo que se les dice es cierto o falso. El populismo no tiene preferencias. Puede ser de derechas pero también de izquierdas. Depende de la intención de las elites que se proponen cambiar sustancialmente el rumbo de las instituciones. En la campaña se mostró un desprecio a los refugiados e inmigrantes y se exhibió un cierto sentido de superioridad de lo que todavía se piensa que es la In­glaterra imperial sobre el resto de los pueblos y naciones europeas.

Se trataba de una de las decisiones más relevantes de la historia británica de los últimos cincuenta años. Cameron la trasladaba a los Comunes con la exigencia que supone el veredicto de las urnas expresadas en un referéndum que arrastraría a su principal impulsor al abandono de su cargo.

El estupor en las intervenciones retransmitidas en directo por la BBC era mayor. El primer ministro se presentó con su cabeza política servida en bandeja para el mes de septiembre. El momento no podía ser más paradójico. La mitad del gobierno hizo campaña por el Brexit; el líder laborista, Jeremy Corbyn, fue acusado por los suyos por no haber defendido con más convicción la permanencia en la UE. Veinte miembros del llamado gobierno en la sombra han presentado la dimisión.

Los efectos del referéndum han sido caóticos y afectan a la estabilidad monetaria, a la confianza en las instituciones financieras de la City y al papel de Inglaterra en Europa y en el mundo. La bolsa y la libra descienden en proporciones históricas. Durante unos días o semanas la inestabilidad y la inseguridad marcarán la política británica, que ahora se mueve en un cierto caos institucional. El país está dividido y las heridas provocadas por personajes como Nigel Farage o el exalcalde Boris Johnson tardarán tiempo en res­tañarse.

Cameron no tuvo más opción que aceptar los resultados y anunciar que será su sucesor quien invoque el artículo 50 y ponga en marcha la desconexión con la UE. No hay prisas. Los ingleses son maestros en jugar con el tiempo para satisfacer sus intereses. Merkel, Hollande y Renzi se reunieron el lunes para no crear alarmas innecesarias y para comprometerse a las reformas urgentes que la UE tiene que acometer con objeto de que la distancia entre las elites y los ciudadanos ordinarios no sea tan gigantesca.

El próximo primer ministro querrá aplazar la decisión. Pero Europa no puede administrar una salida a la carta para los británicos que han decidido pronunciarse a favor del Brexit. Sería favorecer que otros países decidieran acomodar la Unión Europea a sus propias necesidades y no al revés.

El Brexit es muy perjudicial para todos. Pero quizá es mejor que si los británicos quieren irse que se vayan y se establezca un marco de relaciones civilizado entre Londres y Bruselas sin que la UE resulte lastimada por los caprichos de un primer ministro británico que para acallar el ala más euroescéptica y conservadora de su partido convocó un referéndum que perdió.

Es sintomático que las universidades, los empresarios, los sindicatos y la mayoría de los diputados fueran partidarios de permanecer en la UE. Pero no convencieron a la mayoría, que se dejó encandilar por dos personajes mentirosos, erráticos y populistas que creen en la falsa superioridad del pueblo británico. Xenófobos. Lo más lamentable del Brexit ha sido la manipulación grotesca de la opinión pública.

Publicado en La Vanguardia el 29 de junio de 2016

8 comentarios

  8 comments for “Nuevas formas de demagogia

  1. Bet
    30/06/2016 at 06:37

    Reino Unido ha perdido la batalla. No pueden luchar contra un mundo de desigualdad social. Se quejan de ser invadidos por inmigrantes de otros paises mas pobres, de perder privilegios. Es imposible aislarse .
    Es un pais decadente y consentido que tendrá que admitir la realidad de este mundo, ser solidarios, adaptarse y dejar de llorar por el glorioso….. pasado de su historia.

  2. dogbert
    30/06/2016 at 00:23

    Los inventores de la democracia han manipulado grotescamente a la opinion publica?! Pero que nos esta diciendo Sr. Foix!

    No perdem el seny, que si vamos por aqui podemos empezar a elucubrar que la democracia no es que sea el menos malo de los sistemas politicos, sino que se ha convertido directamente en una kk por mor de la partitocracia, los politicos de tercera division que tenemos y el poder economico y financiero.

    El pais de Margaret Thatcher, mujer de sentimientos compasivos desconocidos, de Toni Blair otro de los delincuentes de las Azores es un pais arrogante, gandul y decadente que nos ha metido en el penultimo embrollo continental.

    Demagogia? Si Sr. Foix y cinismo e hipocresia de unos individuos que para salvar su culo y su poltrona no se paran en arruinar un pais y un proyecto continental.

    Estos si que pueden.

  3. Francesc
    29/06/2016 at 19:13

    Estoy de acuerdo con el artículo,
    Saludos,

  4. 29/06/2016 at 17:31

    Un dels grans mentiders és Rajoy.
    Diu que vol dialogar. Menteix.
    No vol dialogar amb Escocia que vol mantenir-se a la UE.
    La postura de Rajoy es antieuropeista.
    Te por de Catalunya i del seu europeisme.
    La UE hauria de donar al seu sinistre ministre, Fernandez Diaz,
    un semàfor vermell
    a que no ho fa La Vanguardia
    espres de nou dies d’esclatar l’escandol de la conspiració
    contra el sobiranisme democratic i pacific català

  5. 29/06/2016 at 16:40

    Sr.Foix: es lo que tenemos hoy en día, alguien con cierto cariz público y un pequeño sequito en redes sociales, difunde en las redes una patraña bien adornada y entonces ya tenemos a cientos de miles compartiendola y multiplicandola…compartimos con el amigo o conocido por deferencia, por simpatía, por no ser distinto, muchas veces sin reflexionar…si te equivocas normalmente no pasa nada, pero cuando esto tiene una cierta transcendencia la cosa cambia…ya vemos cómo cambia…

  6. francis black
    29/06/2016 at 15:49

    ¿Los ingleses no son una sociedad formada? ¿Y los Estados Unidos?. Hay un buen texto de B. Russell sobre los partidos políticos esta en el libro: Ensayos escépticos.

    • 29/06/2016 at 16:43

      Has ido a tocar Francis a mi escéptico de cabecera…

      «»El escepticismo que yo defiendo no equivale sino a esto:

      I. Que mostrándose de acuerdo los expertos, no es posible afirmar que la posición contraria sea segura.

      II. Que no existiendo dicha concordancia, las personas que no sean expertas no pueden considerar segura ninguna posición.

      III. Que si todos los expertos sostienen que no hay base suficiente para emitir juicio taxativo, el hombre corriente hará bien en dejar suspenso su propio criterio.

      Estas proposiciones podrían parecer moderadas, pero, de aceptarse, acabarían revolucionando por completo la vida humana. «»

      Bertrand Russell, Introducción de la obra “Ensayos escépticos”

      • francis black
        29/06/2016 at 17:00

        Ahora se acusa al experto de elitista por un lado o se le compra por el otro. Se montan estructuras con criterios alucinantes. El experto actuando sinceramente en favor del bien común, con los fallos lógicos, suena utópico.

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