La frívola cabeza de Boris Johnson

Varios diputados conservadores ponen en tela de juicio la idoneidad de Boris Johnson para ejercer el cargo de primer ministro.

La política tiene la manga tan ancha que parece que lo puede tragar todo. Boris Johnson es primer ministro, es inteligente, tiene una imponente mayoría de ochenta diputados en el Parlamento, ha tenido hoy una hija, ha conducido el Brexit como una victoria imperial, sabe latín, es divertido y dentro de su cabeza despeinada se esconde una gran frivolidad. Y es un mentiroso.

Los “tories” no lo habían tenido tan bien desde los tiempos de las mayorías de Thatcher. Johnson se contradice, no lleva papeles, confía en su inteligencia y su capacidad de improvisación. Los británicos les parecía el personaje ilustrado que se permite cualquier payasada. La política tiene un punto de sainete que a los ingleses supremacistas les parecía bien.

Hasta que llegó un pequeño detalle, un tropezón, que le puede costar muy caro a Boris Johnson. El Daily Mirror, de tendencia laborista, publicó hace unos días que en plena pandemia, en diciembre del año pasado, se celebró una fiesta en Downing Street mientras el país no podía salir de casa ni celebrar las Navidades con los suyos. Los ingleses estaban confinados.

Johnson lo negó y el gobierno lo negó. Era una fake news. Pero la prensa empezó a buscar detalles sobre la supuesta fiesta de hace un año. La BBC recogió con gran profesionalidad las contradicciones del primer ministro sobre la fiesta clandestina. El ambiente se empezó a calentar en los Comunes y el líder laborista, Keir Starmer, encontró el filón para poner de relieve que el país estaba gobernado por un irresponsable.

Salió la ex portavoz del gobierno, Allegra Stratton, en un vídeo de pruebas para ensayar las preguntas que le harían los periodistas sobre la dichosa fiesta y dio a entender que el “party” existió mientras se divertía con risitas de complicidad. Hoy, con lágrimas que surcaron su cara, ha presentado su dimisión como consultora del primer ministro.

Es el gran tema de la política británica que puede erosionar la figura de Boris Johnson por un acto que ocurrió hace un año. Lo más preocupante para el primer ministro no es lo que diga la prensa o las tensiones con la oposición en el parlamento. Lo más peligroso para él es que a los suyos, el partido conservador, ya no les hacen gracia las ocurrencias del estrafalario primer ministro.

El Daily Telegraph, su diario de referencia en el que fue columnista unos años, lo ha sentenciado esta mañana diciendo que el gobierno impondrá restricciones contra el Covid mientras los ministros se van de fiesta.

La política son los grandes temas y las visiones generales. Pero los pequeños detalles cuentan tanto como las cosas importantes. Una fiesta clandestina en Downing Street mientras el país estaba confinado tiene tanta o más fuerza que un presupuesto.

La prensa no le va dejar y la oposición tampoco. Saldrán más fiestas de ministros i altos cargos en plena pandemia. Los diputados conservadores saben el sentir de sus electores y si tienen que elegir entre Boris Johnson y su acta de diputado, escogerán lo segundo. El primer ministro tiene una difícil papeleta por un hecho de hace un año, aparentemente menor políticamente.

 

 

 

 

 

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