Tolstoi frente a Putin y Trump

Tolstói describió la guerra en Crimea como una experiencia donde no hay héroes, sino hombres comunes atrapados en el horror.

La guerra no se libra en las ruedas de prensa ni en las tertulias de televisión. Se atribuye a Bertolt Brecht y también a Erich Maria Remarque una reflexión que es aplicable a todos los conflictos bélicos y que dice que “la guerra es cuando personas que no se conocen se matan entre sí por decisión de personas que sí se conocen pero no se matan”.

Matar al otro es la constante de todas las guerras. En muchos casos, también después de haberlo derrotado. Toda guerra es un fracaso de la diplomacia y de la política. He pisado campos sembrados de cadáveres en los frentes de Irán e Irak en una guerra que causó un millón de muertos en los años ochenta. No había épica en el barro ni grandeza en los cuerpos inertes. Lo que se veía era desorden, miedo y una rutina inevitable de tragedia humana.

He leído estos días un libro de Tolstói que describe su encuentro personal con la guerra de Crimea, la pequeña Rusia como se llamaba entonces a la actual Ucrania, que se libró entre 1853 y 1856 y que los rusos perdieron frente a la alianza formada por Francia, Reino Unido, el imperio otomano y el Reino de Cerdeña. Fue la gran carnicería humana de los tiempos modernos.

El joven oficial Lev Tolstói observaba algo que no encajaba con los relatos heroicos que se emitían desde Moscú. En las trincheras los soldados hablaban en voz baja, más preocupados por sobrevivir que en defender ideales abstractos.

Esa visión cristalizó en sus Relatos de Sebastopol, donde no hay héroes sino hombres comunes atrapados en el horror. La valentía es una resistencia silenciosa frente a la barbarie entre hombres armados.

Quienes deciden las guerras se inspiran más en Homero que en Tolstói. La novedad de las guerras de este siglo es que va desapareciendo el enfrentamiento personal. Se mata con el mando a distancia desde miles de kilómetros. No se ve el sufrimiento desde el despacho oval dorado de la Casa Blanca ni desde los maravillosos salones del Kremlin. Ni de la vieja Jerusalén. Trump, Putin y Netanyahu no reparan en las muertes ni en el daño causado.

Quienes deciden las guerras se inspiran más en Homero que en Tolstói. La novedad de las guerras de este siglo es que va desapareciendo el enfrentamiento personal. Se mata con el mando a distancia desde miles de kilómetros. No se ve el sufrimiento desde el despacho oval dorado de la Casa Blanca ni desde los maravillosos salones del Kremlin. Ni de la vieja Jerusalén. Trump, Putin y Netanyahu no reparan en las muertes ni en el daño causado.

Quieren destruir al adversario que, a su vez, replica matando con la misma crueldad. Gana el más fuerte y el mejor armado. Unos deciden y otros mueren. La razón es substituida por la brutalidad.

Publicado en La Vanguardia el 19 de marzo de 2026

  2 comentarios por “Tolstoi frente a Putin y Trump

  1. Buenas tardes Sr. Foix,

    La épica siempre suele venir de aquellos que no han vivido la guerra y que han querido justificarlas. No obstante, en Homero yo encuentro dos tipos de relatos muy diferentes. En la Ilíada vivimos el enfrentamiento heroico y épico entre los griegos y troyanos, con el combate entre Aquiles y Héctor, después de que este maté a Patroclo por confundirlo con Aquiles. Pero también la astucia de Ulises cuando a través del famoso Caballo de Troya engaña a los troyanos y ya dentro de las murallas de la ciudad los masacran a todos. En cambio, en la Odisea, yo encuentro, como le decía, algo muy diferente. Ulises y sus hombres emprenden un largo viaje de vuelta hacía su hogar, encontrando todo tipo de dificultades, con los dioses en su contra. Aquí los héroes lloran, se arrepienten, bajan al inframundo y se encuentran a los muertos. Ulises finalmente llega a su hogar y se reencuentra con Penélope, pero ya es un anciano. De hecho, es un relato muy humano, crepuscular, y de redención. Es también, si lo queremos ver, aquella vuelta a Ítaca para Ulises que Kavafis expresaba positivamente identificándola con el viaje de la vida rico en experiencias.

    En cuanto a Tolstói en sus relatos de Sebastopol es una crónica literaria y periodística desde el suelo bajo las bombas y balas y sobre los muertos de la guerra. Una denuncia, que perfila, en mi opinión, su pensamiento sobre el mundo y sus males, en la búsqueda de un hombre mejor.

    Dejo por aquí lo que saqué en claro hace un tiempo:
    Relatos de Sebastopol de Lev N. Tolstói – por Francesc Sánchez
    https://www.elinconformistadigital.com/2023/03/05/relatos-de-sebastopol-de-lev-n-tolstoi-por-francesc-sanchez/

    Ambos conflictos, el de la Guerra de Troya y el de la Guerra de Crimea, aunque tengan un percutor emocional e ideológico (el secuestro de Helena y la defensa de los cristianos en Tierra Santa), tienen también una lectura de intereses geopolíticos, cada cual, en su tiempo, que se fueron perfilando poco a poco en una confrontación. ¿No estamos en lo mismo?

    Saludos cordiales,
    Y gracias por compartir sus artículos

    Francesc

  2. Tolstói no basta

    Invocar a León Tolstói para hablar de la guerra es un acierto… pero también puede ser una coartada. Sí, la guerra es horror, miedo y miseria. Pero de esa verdad no se deduce que todas sean iguales ni que todas las responsabilidades se diluyan.

    No es lo mismo agredir que defenderse. Ni es serio equiparar, desde una cómoda superioridad moral, a Vladimir Putin con Donald Trump o Benjamin Netanyahu. Esa equidistancia no aclara: confunde.

    La historia es tozuda: sin guerra no se derrota a Adolf Hitler. La libertad no se preserva sola, ni la razón detiene por sí misma la violencia.

    La cuestión no es si la guerra es mala, sino qué hacer cuando alguien la impone. Y mirar hacia otro lado no es una respuesta. El pacifismo que calla ante la agresión no es paz: es rendición.

    Tolstói nos enseñó a odiar la guerra. Pero la realidad obliga a algo más incómodo: entender que, a veces, la paz depende de la fuerza dispuesta a defenderla.

    Porque no siempre la alternativa a la guerra es la paz. A veces es la derrota.

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