Trump y los contextos

Donald Trump en los jardines de la Casa Blanca dirigiéndose a la prensa.

La historia es siempre una cuestión de contextos. Y los contextos son cambiantes. Seguir cada media a media tarde la comparecencia de Donald Trump en los más insospechados escenarios es asomarse a la contradicción y a la confusión.

Su lema no cambia:

-Atacar, atacar, atacar
-Niégalo siempre todo
-Pase lo que pase, tu declárate ganador.

He seguido los veinte minutos de rueda de prensa en los jardines de la Casa Blanca de esta tarde. Griterío del periodismo que busca el segundo de gloria. Es una multitud. Un dedo señalador que ofrece el turno a quien le apetece. Respuestas contradictorias.

Dice Trump que el cierre del estrecho de Ormuz es un gran éxito. Que la paz con Irán es cercana. No tienen defensas y tampoco líderes porque los hemos matado a todos. Cuidado, presidente Trump, que Irán no es Venezuela.

Declara un alto el fuego entre Israel y Líbano donde los hebreos están bombardeando a sectores del territorio libanés con el pretexto de que matarán a los miembros de Hezbollah. El argumento de Netanyahu es discutible. Para eliminar a los terroristas no se puede eliminar a cuantos vivan alrededor de ellos.

La paz con Irán está al llegar. Como si fuera una cuestión que se pueda resolver en cuestión de horas. Dice que ha terminado ocho guerras pero no se sabe cuáles son. Lo que ha hecho es empezar la de Irán. Y no sabe cómo terminarla.

En sus comparecencia peripatética por los jardines de la Casa Blanca dice que las relaciones con Irán son buenas. Que el bloqueo del estrecho de Ormuz es un éxito. Afirma que el bloqueo es más eficaz que los bombardeos. ¿Para qué bombardear, entonces?

Se ve a un hombre que camina en solitario, con cada vez menos aliados, hablando un lenguaje de fuerza y sin pedir consejo a nadie. El poder blando norteamericano era mucho más eficaz que el poder duro. El mundo ha cambiado. Los contextos son distintos.

Estados Unidos triunfaron en el siglo XX. Y es el estado más fuerte militar y económicamente del mundo. Pero las circunstancias han cambiado. Han eliminado la cúpula militar, religiosa y política de Irán. Pero no han derrotado al estado persa. Hacer desaparecer una civilización de más de tres mil años no lo consigue ni un presidente norteamericano.

Los intereses del mundo occidental están en manos de una persona que no sabe ponderar los cambios que se están produciendo en su alrededor. Ha abandonado el concepto de seguridad colectiva y piensa que él solo lo puede resolver todo. Ya no es así. Y se ha enfrentado dialécticamente con el Papa León acusándole de que es partidario de que Irán disponga de la bomba atómica. No es cierto. La pugna entre el Vaticano y la Casa Blanca es tan insólita como innecesaria. Trump no la ganará.

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