Las grietas del muro

Se acerca un nuevo ciclo político que habrá que construirlo con puentes y consensos compartidos en las instituciones.

La confrontación política radical es moneda de cambio en todas las democracias. Empezando por la más emblemática, presidida por Donald Trump, hasta la británica gobernada por un primer ministro dimitido o la tensión en Francia unos meses antes de las elecciones presidenciales. Alemania vive pendiente del imparable avance de la extrema derecha en todas las elecciones regionales y Gior­gia Meloni ganó en el 2022 y gobierna Italia con el tacto político de una populista inteligente, la única que en Europa ha plantado cara dialécticamente al presidente de Estados Unidos.

La política española está marcada también por la confrontación que se proclama en el discurso de investidura de noviembre del 2023 cuando Pedro Sánchez afirmó que gobernaría “levantando un muro” frente a la “derecha y la extrema derecha”. El ritual en todas las democracias es la formalidad de que el vencedor se compromete a gobernar para todos, también para los vencidos. Luego, los gobiernos hacen la política que les conviene de acuerdo con sus ideas y a sus intereses.

Los muros derribaron los puentes y la realidad es que el partido más votado en las últimas elecciones, las del 2023, se ha entregado a una rabiosa oposición aprovechando los casos de corrupción que han llevado a la cárcel al secretario general del PSOE, José Luis Ábalos, condenado con sentencia firme de 24 años de prisión. Los casos de corrupción señalan a Santos Cerdán, también secretario de organización del PSOE, a su ayudante Koldo y más recientemente al expresidente Rodríguez Zapatero, que se había convertido en los últimos tiempos en animador estelar en las cuatro campañas autonómicas en las que el PSOE perdió muchos votos, en todas ellas. La causa que investiga a la «fontanera» Leire Díez ha arrastrado a la presidenta de la SEPI y a otras 24 personas que han sido imputadas el lunes por el juez Pedraz. Los casos referentes a la esposa y al hermano del presidente tienen más carga emocional y mediática que repercusión política.

Pedro Sánchez sabía que situar al partido­ más votado al otro lado del muro no era la mejor forma de mantener la esta­bilidad en un Congreso heterogéneo. La coalición de gobierno con la izquierda radical de Sumar y el apoyo en la investidura de los nacionalistas e independentistas catalanes y vascos le han permitido presidir con voluntad y resiliencia el Gobierno durante siete años.

Pero al otro lado del muro había y hay el Partido Popular y Vox, que conforman aproximadamente la mitad de los votos emitidos para la formación del actual Congreso. El grito de que viene el lobo no ha funcionado en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. Si el PSOE va perdiendo elección tras elección, tendrá que preguntarse por qué. El cambio de ciclo no solo es posible, sino probable en cuanto se abran las urnas.

Aunque no hay que perder de vista el factor calendario. El ex premier británico Harold Wilson decía que “una semana es un tiempo muy largo en política”. Las metáforas o las predicciones son análisis políticos voluntaristas. Lo inesperado casi siempre ocurre.

Nadie es imprescindible y todo el mundo es necesario. De Gaulle consideraba que lo más importante de un Estado no eran los gobiernos o los partidos, sino la solidez de las instituciones. El que se perfila como el nuevo primer ministro británico, Andy Burnham, se propone descentralizar el poder de Londres entregando competencias y facultades a los ayuntamientos y a Escocia, Gales e Irlanda del Norte para que el gobierno esté más cerca de la gente. Sostiene que la política debe estar en la high street, la calle mayor, y no en los despachos de funcionarios que no pisan los barrios. Mucha suerte.

En España, hay que reforzar el vigor de las instituciones, empezando por el Congreso y el poder judicial. Este Gobierno y el que pueda venir han de preservar los derechos sociales, la igualdad, el Estado de bienestar, el europeísmo y el pluralismo político y territorial. Destruir los muros y trazar los consensos necesarios para garantizar el respeto al adversario y la dignidad de tantos inmigrantes que viven y trabajan en aquello que no queremos o no podemos hacer.

Publicado en La Vanguardia el primero de julio de 2026

 

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